El mundo y yo, Audrey

Vida sana

Posteado por: Audrey en: Jueves, 7 Febrero 2008

Tras los excesos navideños una siempre dice aquello de “cuando vuelva al trabajo, me pongo a dieta y a hacer ejercicio”, propósito (de nuevo año?) que nunca cumplimos. Después llegan las vacaciones del primer cuatrimestre, lo que supone una larga temporada en casa de los padres y una alteración enorme en la dieta alimenticia, ya que dejo de comer lo justo y empiezo a comer en exceso, algo que no sería demasiado problema si haciese ejercicio, pero cuando me paso el día de la cama al sofá, del sofá a la silla del comedor, de la silla del comedor a la del ordenador, del ordenador al sofá y del sofá a la cama la cosa ya cambia. Mucho. Así que, a casi dos semanas de volver a la rutina estudiantil (o laboral, como se prefiera ver) y cansada de ver cómo mi figura se va ensanchando y ensanchando ahí donde no debería, ni corta ni perezosa me decidí a empezar con la vida sana. Ejercicio todas las mañanas, beber más agua y comer bien y menos dulces.

Anoche me acosté a los dos de la mañana. Siendo fiel a mi buen y sano propósito de levantarme temprano, mientras no hay coches (y por tanto, menos contaminación, que ya bastante tengo con ser asmática) para hacer ejercicio, me levanté a las ocho y media. Como estoy poco acostumbrada a hacer ejercicio pensé que mejor sería desayunar primero y después ir a correr, siendo consciente de que es mejor hacerlo al revés. Pero después, cuando me estaba vistiendo, pensé que mejor sería coger la bicicleta para hacer ejercicio cardiovascular, y eso fue lo que hice. Anda que no hacía tiempo que no cogía una bicicleta! Pues acababa yo de empezar y no vean qué gusto pedaleando por el paseo marítimo, sintiendo la brisa y el olor a mar. Mis pulmones se quejaron al poco tiempo de empezar, pero intenté controlar la respiración para poder seguir adelante y cumplir con el recorrido que tenía pensado (no sé cuántos kilómetros son, pero en tiempo se tarda sobre una hora), y efectivamente, minutos después respiraba con normalidad y sin fatigarme. La mayor parte del recorrido lo hice lo más cerca posible del mar, y pedalea que pedalea, respira que respira, pensaba que qué bonito día hace hoy y qué horror que casi me quedo otra mañana en casa comiendo magdalenas o lo que encontrase y que mañana repito, y con más ganas si hace un día como el de hoy.
Al menos, eso era lo que pensaba yo. Porque no sabía lo que me iba a pasar después. Volviendo ya a casa, tenía que ir por una carretera muy estrecha con acera para peatones. Pensé que, si por algún casual venía algún coche detrás de mí (yo, como de costumbre, tengo bastante en cuenta las leyes de Murphy), el pobre conductor de turno iba a tener que soportar tenerme a una ciclista patosa hasta llegar a la rotonda que hay antes de cruzar el puente de La Isla, así que como no había peatones se me ocurrió que podía subir a la acera para que, dado el caso de que viniesen coches, estos circulasen sin problemas. Pues ahí iba yo, toda contenta con semejante reflexión realizada en cero coma, dispuesta a subir a esas aceras que tienen piedrecitas (por no quitar el -itas) incrustadas en su cemento y cuyos bordillos están desiguales, hecho del que me había olvidado hasta estar lo suficientemente cerca como para poder apreciar bien la acera. Y vaya que si la aprecié bien. Porque yo no sé si fue algo que hice o que no hice o si fue por la acera, pero en vez de subir el bordillo, la rueda delantera no sube el bordillo (que era MUY BAJO y esa misma mañana había subido y bajado un montón de bordillos de aceras más altos, todo hay que decirlo) sino que choca contra él y yo ya no estoy sentada en el sillín sino dándome una galleta tremenda contra la acera. Y ojo, que no caí de lado, como hubiese preferido, ni siquiera de bruces, no. Caí de rodillas, tal cual. Y vuelvo a las piedrecitas incrustadas en el cemento de la maldita acera. Pero qué maaaaaaaaal!!!!!!! Cómo me puede pasar esto a mí???

De camino a casa, una vez que me pude montar otra vez en la bici, decidí no volver a montarme en una bicicleta que no sea la estática al menos hasta dentro de algunos meses. Y hasta que me pude hacer las curas y ponerme hielo para bajar la hinchazón de las rodillas pensaba que qué asco de vida sana, que era mejor pasar por el quirófano y dejarse de tanta chorrada. Por fortuna, fue un pensamiento momentáneo, porque en cuanto vuelva a la ciudad tengo clarísimo que me apunto a un gimnasio, que por lo menos si me pasa algo allí tendré a mucha gente (hombres… ejem ejem) dispuestos a echarme una mano o lo que haga falta.

Con todo, la operación bikini acaba de empezar.

1 Respuesta para "Vida sana"

Oooooh
Poor Audrey…
Es que la vida sana tiene sus sacrificios, literalmente!

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